TRAFALGAR

⚓Reseña y memeces de «Trafalgar», de Benito Pérez Galdós.
Cuenta
la leyenda que en Caños de Meca permanecen los descendientes de
aquellos aguerridos marineros que sobrevivieron a la batalla de
Trafalgar, y que, generación tras generación, juraron no ejercer más la
violencia, y vivir en paz y armonía para siempre.
🔶 Resumen sin destripar mucho
Napoleón
quiere invadir Gran Bretaña y utiliza su mano izquierda, la que no
lleva metida en la chaquetilla, para mantener a Nelson y a su flota
alejada de las islas. Para eso, invita a Godoy a un par de cañas y una
de papas bravas, y lo convence de que la flota española debe matarse a
cañonazos con los ingleses. Un plan sin fisuras.
🔶 Opinión
No
recuerdo si he leído algo de Galdós antes, supongo que en el colegio,
pero ha pasado un siglo. Me avergüenza un poco, porque este libro es
para haberlo leído antes. Gabrielillo, un pobre diablo de la Caleta
(pisha de Cai), nos cuenta en primera persona los sucesos acaecidos en
la costa de Cádiz en 1805.
He diferenciado tres partes en esta
novela corta. En la primera presenta a los personajes y explica los
antecedentes que llevan a la batalla y sus preparativos. El estilo me ha
parecido tan hermoso que disculpa un inicio algo lento y abotargado.
Hay escenas costumbristas que te dibujan la época con precisión.
Gabrielillo reflexiona sobre la diferencia de clases sociales y se deja
ver cierta crítica social acompañada de mucho ardor patriótico temeroso
de Dios.
«La cocina, en cuyas paredes ahumadas parce que no se
extingue nunca el eco de los cuentos con que las abuelas amansan la
travesura e inquietud de los nietos».
La segunda
parte es la batalla en sí. Aquí el ritmo crece, a toda vela, y nos
muestra la crueldad de una guerra en la que los héroes mueren agarrados a
sus banderas mientras los hombres comunes pierden su valor y se
entregan a la desesperación.
«Las blasfemias de los combatientes
se mezclaban a los lamentos de los heridos de tal modo que no era
posible distinguir si insultaban a Dios los que morían, o le llamaban
con angustia los que luchaban».
La tercera parte narra los
acontecimientos posteriores a la batalla, sumidos en un tormenta
climática y emocional, donde el peligro está igual de presente o incluso
más. Aquí se muestran comportamientos de verdadera calidad humana por
parte de hombres que momentos antes se estaban matando, así como
reflexiones sobre la naturaleza de la guerra y quienes la provocan.
«¿Para
qué son las guerras, Dios mío? ¿Por qué estos hombres no han de ser
amigos en todas las ocasiones, como lo son en las de peligro? Esto que
veo, ¿no prueba que todos los hombres son hermanos?».
Me ha
parecido un relato magnífico con un estilo asombroso que te transporta a
la Costa de la Luz en mitad del levante. Gabriel narra en primera
persona y tiempo pasado, sirviendo como nexo de unión entre la ficción y
los hechos históricos con un resultado muy atractivo. He encontrado
tres o cuatro errores tipográficos poco relevantes.
Se aprecia
el realismo literario, que entró tarde en España, en la profundidad de
detalles del paisaje y los personajes, haciéndonos partícipes del sentir
del populacho. Sus preocupaciones mundanas, sus inquietudes, su
malestar con el gobierno. Me ha hecho gracia (y rabia) descubrir lo poco
que han cambiado las cosas: con una Andalucía denostada por Madrid que
languidece sin un real; unos políticos incompetentes que no miran por el
pueblo, sino por la élite; una flota en estado deplorable, sin
recursos, donde los marineros no cobraban el salario desde hacía años; e
incluso expresiones coloquiales que se siguen usando en nuestro día a
día.
Sorprende descubrir que hubo que hacer levas en los pueblos
de Cádiz y echar a la mar a hombres sin preparación para contentar a
Napoleón. Así nos fue. Recordemos que en 1808, tres años después de esta
batalla, Napoleón le dijo a Godoy que iba a pasar por España para
invadir Portugal y que le iba a dar unas parcelitas de tierra por allí.
Vamos a ver, Godoy, si Napoleón te engaña una vez, es culpa suya, pero
si te engaña tres, es que eres un carajote.


